Nestor Basterretxea y el collage, un nuevo giro

Ane Lecuona Mariscal 

Universidad del Pais Vasco

CITACIÓN RECOMENDADA:

LECUONA MARISCAL, Ana (2017). "Nestor Basterretxea y el collage, un nuevo giro". Revista Eviterna Nº1 (marzo 2017) <https://www.revistaeviterna.com/analecuona>. [Fecha de Consulta]

RESUMEN: El artista Nestor Basterretxea ocupa un lugar relevante dentro de la historia del arte del País Vasco. Junto con Oteiza y Chillida abordó un nuevo arte, formando una nueva y rompedora generación de vanguardias vascas, logrando, así, una gran relevancia en la cultura local. Basterretxea fue reconocido mayormente en su faceta de escultor, pero su acción artística fue más allá, aunque no todas las diferentes facetas han sido estudiadas de la misma manera. Así pues, esta vez, intentaremos analizar una de esas lagunas que quedan por investigar aún más, esto es, las piezas de collage creadas en su último año de vida. Para ello tomaremos como fuente las entrevistas que el artista concedió en los últimos años, junto con la bibliografía existente de su obra. Así, se llegará a entender mejor el por qué de la utilización del collage y la repetición de la forma del círculo que aparecerá en ellas.

PALABRAS CLAVE: Nestor Basterretxea, Collage, Vanguardias vascas, Círculo, País Vasco, 2014.

ABSTRACT: Artist Nestor Basterretxea plays an important role within Basque Country Art History. Together with Oteiza and Chillida, he approached a new art, creating a new and breakthrough generation of Basque vanguards, achieving relevance in Basque culture. Basterretxea has been mostly recognized by his sculpture, but his artistic action went beyond, although not each of his facets have been studying in the same way. So, this time, we will try to analyze one of those gaps that remain to be completed, that is, the pieces of a collage created in his last year being alive. For this, we will take as a source of information the interviews that the artist granted in recent years, along with the existing bibliography of his work. This way we will be able to understand why is the use of collage and the repetition of the circle shape that will appear in them.

KEYWORDS: Nestor Basterretxea, Collage, Basque avant-garde, Circle, Basque Country, 2014.

El artista Nestor Basterretxea nació en 1924 en Bermeo (Vizcaya) y murió el 12 de julio de 2014 en Hondarribia (Guipúzcoa) siendo uno de los artistas vascos más significativos del siglo XX. En sus últimos años de vida fueron abundantes los homenajes, investigaciones, exposiciones retrospectivas y trabajos biográficos a su figura. Para el presente estudio, gracias a la ayuda de la familia Basterretxea, fue posible acceder al caserío-museo Idurmendieta donde vivía Nestor Basterretxea con su mujer y donde hoy en día reside la mayor parte de su producción. En este espacio, la cantidad infinita de obras de arte hace visible para el visitante el proceso creativo del artista.

 

Con el objetivo de interpretar por primera vez algunos de los collages de su último año, nos centraremos en dos elementos fundamentales que están presentes en toda su carrera y, además, en los últimos años adquirieron un sentido especial: la técnica del collage y el círculo.

El artista y el collage

La base del arte de Basterretxea fueron las formas, generalmente modulares y geométricamente ordenadas, aunque éstas no eran más que elementos añadidos al verdadero protagonista de la obra de arte: el espacio. Era éste elemento y, el diálogo con sus límites, lo que le interesaba, además de la creación de armonía entre las partes y el todo (Moreno, 1960, p.4).

En cuanto a la técnica, en los últimos años, el collage, junto con el dibujo, pasó a ser la técnica favorita del artista. El encuentro entre las líneas diseñadas y el comportamiento de las texturas de los distintos materiales se convirtieron en la herramienta idónea para hacer visible la tercera dimensión en una superficie bidimensional. Y es que, aunque nunca abandonara el dibujo, fueron los límites de esta técnica los que empujaron a Basterretxea a probar con el collage. Detrás de este cambio técnico, el cual se podría relacionar con el paso que dio a la escultura, era destacable la idea de construcción. Ciertamente, debajo del reduccionismo logrado a través de las formas geométricas, estaba la completa asimilación de los principios de faktura, tectónica y edificación, propias de la esencia constructivista 1. El análisis espacial se convirtió en una constante, sobre todo, a partir de la década de los sesenta (Catalán, 1996, p. 5).

Aun así, aunque en un principio, el uso del collage tuviese solo un interés físico, con el tiempo adquiriría direcciones diferentes; algunos de estos trabajos fueron obras completamente terminadas, en cambio, otras, tenían función de bocetos. Ya en 1960 en la Sala Nebli de Madrid se podía ver al artista trabajar el collage como obra acabada. Entre las esculturas y bajo-relieves presentados entonces, era visible la necesidad de liberación del plano bidimensional, además de la simbología del círculo que trataremos después. Precisamente, con el poético título de Plano estallado [1], el artista dejaba brillantemente sintetizada su intención. A partir de entonces serían muchos lo collages terminados, aunque tradicionalmente se hayan contemplado como obras de segundo nivel

Asimismo, también realizaba collages con distintas intenciones. Para reflexionar sobre cometido objetivo, deberíamos recordar la inquietud hacia la arquitectura que mostró el artista en su juventud que, aunque no pudiera acceder a los estudios superiores, podríamos decir que este interés hacia la construcción con el tiempo encontró su propio camino: “No es que ahora me dedique a la arquitectura. Simplemente, me he dado cuenta de que la arquitectura estaba ahí, en mi escultura” (Muñoz, 2003, p.10). Así hablaba Basterretxea sobre la serie Volumetrías arquitectónicas, los trabajos que mejor explicaban esta faceta arquitectónica. Nuevamente un término oportuno, ya que, donde hasta entonces prevalecía una escultura planimétrica, ahora era visible ese salto hacia la tercera dimensión (Aguirre, 2013, p.162).

Influencias

Los artistas de la Escuela Vasca, incluido Basterretxea, interiorizaron el lenguaje geométrico, abstracto y esencialista iniciado en las vanguardias constructivistas del siglo XX. No es el momento para analizar las diferentes escuelas y propuestas constructivistas consolidadas en las distintas naciones de Europa, pero sí nos es útil captar la esencia compartida de todas ellas para así entender el recurso estético que manejaron Oteiza, Chillida o Basterretxea. Sin tener en cuenta las distintas ideologías o contextos sociales particulares, en los distintos grupos o movimientos que siguieron a partir del constructivismo ruso –como el neoplasticismo, suprematismo, racionalismo, etc.-, nos es relevante la noción de la obra de arte como un objeto de construcción (Fer y Batchelor, 1999, p. 92). Más allá del utilitarismo que exigía la sociedad comunista al arte, su estilo o lenguaje se expandió por toda Europa. Por lo tanto, gracias al reduccionismo adoptado de las vanguardias, los artistas vascos indagaron en la capacidad de hacer visible la esencia y el sentido regional, lo que, como veremos, fue la médula de toda la actividad artística.

Últimas obras, los collages de 2014

Hacer una selección entre los collages ha sido una misión complicada, tanto por la gran cantidad que produjo el artista como por la poca heterogeneidad formal entre ellas. Finalmente, como primer criterio de selección hemos considerado los collages realizados al final de su vida, en el periodo de enero a julio de 2014, mes en el que fallecía. Son treinta collages los que abarcan la producción de aquellos meses y, con la intención de crear una correlación entre ellos, finalmente hemos seleccionado dieciséis, tomando como criterio la constante presencia de la forma circular. Por lo tanto, para la correcta interpretación de estas obras, nos fundamentaremos por una parte en el interés que mostró el artista hacia la forma del círculo durante toda su trayectoria y, por otro lado, el peso moral que sobrellevó a sus noventa años, sus inquietudes y miedos.

La retrospectiva a su recorrido artístico: el círculo y el arte vasco

Podríamos decir que el círculo y el arte de Nestor Basterretxea iban de la mano. Habíamos adelantado la predilección que tenía el artista hacia esta forma. En pocas palabras, el círculo, entre las infinitas formas de la naturaleza, era la única que le parecía perfecta, de ahí que nos encontremos constantemente con ella durante toda su producción artística.

El acercamiento a la forma está relacionado con su amigo y mentor Jorge Oteiza. A los dos les interesaba la línea infinita, su simbolización sagrada y cómo la imagen de esa esencia ideal ya había sido desarrollada por las sociedades primitivas 2. Siguiendo estas ideas llegó Oteiza a los crómlech vascos, es decir, a los complejos de piedra hechos por los habitantes de tierras vascas en la era neolítica, los cuales, a partir de círculos dibujados en el suelo, sugerían un espacio sagrado. Es más, para Oteiza no eran espacios suntuarios comunitarios, sino “vacíos repetidos”, refugios espirituales sin fin práctico en los cuales se encontraba el origen de la esencia, estilo o sentimiento vasco (Vega, 2007, p.132). Por eso, a partir del vacío, o la negación de la expresividad de elementos suplementarios, el objetivo del artista consistía en recuperar esa esencia, hacerla visible –o tangible- y devolverla nuevamente a la sociedad. Y es que, a diferencia de lo que ocurría con la tradición oral (por tener una mitología o una lengua propia), la cultura vasca apenas guardaba un imaginario.

Tenemos que tener en cuenta que, hacia la década de los cincuenta, la oposición al régimen en el País Vasco fue incrementándose y aunque todavía funcionara la dictadura y su censura, la recuperación y consolidación de la cultura vasca se convirtió en el objetivo principal de los artistas locales. Asimismo, también en el ámbito nacional, fue entonces cuando se fue renovando la estética plástica a través de la abstracción, encontrando un camino abierto que permitió a su vez, la gestación del informalismo en España (Bozal, 2006, p.26). 

Así pues, paradójicamente, esas cadenas animaron en poco tiempo nuevas fuerzas. A partir de la década de los sesenta, poco a poco se empezó a respirar una ligera apertura; por ejemplo, se impulsaron investigaciones en historia y cultura vasca, como los trabajos etnográficos de T. de Aranzadi o J.M. Barandiarán, los cuales posteriormente fueron relevantes en el ámbito artístico. Por tanto, este ambiente tenso fortaleció el proceso de búsqueda de identidad y, en esa exploración, los artistas vascos trabajaron duramente con la intención de defender un futuro moderno (Golvano, 2005, p.17).

Volviendo al tema de la circunferencia, otro pilar fundamental, junto con el crómlech, es la estela funeraria. Estas estelas con diseño geométrico y natural tallado sobre ellas, pueden relacionarse a primera vista, con el arte céltico. Sorprendentemente, estas formas siguen manteniéndose en la actualidad y se pueden observar en decoraciones de muebles o en el diseño de Joyas. Se puede decir, por tanto, que el alma vasca encontró su esencia en esta forma geométrica de la estela y por ello, la Escuela Vasca también se dedicó a reinterpretarla y reactivarla en sus producciones (Plazaola, 1999, p.289).

El círculo no se puede relacionar únicamente con la búsqueda del origen de la sociedad vasca porque esto destaparía una dependencia figurativa; se trataba, pues, de la búsqueda de la poiesis del cosmos; es decir, de un pasado atemporal donde el círculo nos acerca al primer intento humano de simbolización, un viaje a la primera realidad pura (Plazaola, 1999, pp.389-456). Por tanto, es evidente el vínculo que existía con las primeras obras de Chillida y, fundamentalmente, con las teorías de Oteiza.

A partir de los años de convivencia en Irún (1960) entre Oteiza y Basterretxea cambió totalmente el sentido del arte de este último y definió su estilo personal. En ese cambio repercutieron distintos factores: por un lado, que después de muchos años el artista se encontrara en el País Vasco que tanto añoraba –lo cual se convertiría en el centro e inspiración de toda su obra-; por otro lado, el tener tan próximo a Jorge Oteiza tuvo efectos en su producción artística; y finalmente, el lanzarse a nuevas técnicas en su proceso creativo como la escultura, el diseño gráfico o el cine (Jiménez, 2004, pp. 138-142).

Últimas preocupaciones artísticas-vitales

Es necesario hablar sobre las preocupaciones e incertidumbres de los últimos años del artista ya que éstas, determinarán completamente su obra. Para ello, nos valdremos de las últimas entrevistas e iniciativas biográficas concedidas como fuente de información; y es que, como advertíamos, al ser el último integrante en vida del grupo Gaur y, por su larga trayectoria dedicada a la cultura vasca, fueron abundantes los proyectos que pretendían resaltar la figura del artista.

En 2014, Nestor Basterretxea tenía noventa años y, aunque su edad no entorpeciese su creatividad, fuerza mental o su tan característico humor, su cuerpo no le permitía seguir ese ritmo vivaz, ya que en sus últimos años tuvo problemas de salud. Como diría él, “la vitalidad en mí está absolutamente determinada al cerebro. Estoy muy vivo en cuanto a capacidad de creación” (García, 2012). El artista trabajaba noche y día, muchas veces sin conciencia de las horas (Redondo, 2014, p.14). Decía que trabajar le permitía dominar su mayor miedo, la muerte. Es relevante cómo en todas las entrevistas de los últimos años Basterretxea nombra el tema de la muerte, explicando que el arte se había convertido para él en herramienta liberadora y protectora, porque al meterse tanto en el trabajo, no dejaba espacio para ideas dañinas, era su refugio (Kamio, 2011).

Como decimos, Nestor Basterretxea nunca dejó de crear. Es más, cuando se habla sobre el carácter del artista, lo que más se recalca son las ganas y el interés que tenía por probar todas las técnicas y posibilidades artísticas. Aun así, podríamos decir que estos obstáculos no fueron suficientes para agotar la necesidad creadora del artista, pero sí en parte para limitarla. Al no poder hacer esculturas, el dibujo y el collage fueron sus aliados en los últimos años. Antes mencionábamos la importancia que tenía el dibujo y el collage en los trabajos de Basterretxea, siendo el primero un elemento permanente a lo largo de su vida, y el segundo un intermediario entre las esculturas y el dibujo, no un eco nostálgico de la escultura.

Si comparamos los últimos collages con otros trabajos anteriores, veremos que el cambio no se da en el lenguaje estilístico, ya que siguió manteniendo esa marca personal que le caracterizaba, ligada a la abstracción geométrica. También continuó la intención arquitectónica constructivista interesándose por las composiciones y las sensaciones de espacio creadas mediante la superposición de planos. En cambio, la marca distintiva de estos collages del 2014 es la muestra de las preocupaciones existenciales del artista, que deja de lado el “arte social” de los años anteriores.

Como decíamos, entre los treinta collages de este periodo, en más de la mitad se repite la forma circular, una “vuelta al círculo”. Anteriormente, la forma había sido un recurso usual para el artista, pero su simbología estaba ligada a la figuración de la esencia popular del País Vasco. Ese arte social pretendía conferir una imagen propia, una identidad visual a la comunidad vasca. Sin embargo, en los collages seleccionados, debemos alejarnos de ese carácter social y relacionar la “vuelta al círculo” con sus preocupaciones artísticas y psicológicas (EITB, 2013).

Junto con los problemas de salud que sufría, dos sucesos afectaron profundamente al artista (Ezquiaga, 2014). Por un lado la muerte de su hijo Txabi Basterretxea en 2010 y por otro la muerte de su esposa María Isabel Irurzun Urkia el 14 de mayo de 2014. Por lo tanto, podríamos pensar en las obras de estudio como frutos del intento de afrontar esta dura situación personal [2]. Así, en lugar de mirar hacia afuera –al pueblo-, el artista mostraría una mirada intimista. 

Nestor Basterretxea explicaba en los últimos años que una y otra vez llegaba al círculo (Tecnum, 2011), lo que entendemos, era el resultado de esa situación espiritual. Decía que una vez que llegó al círculo, se quedó quieto en él, limitado, en una especie de “crisis” artística. Sin embargo, en una entrevista publicada en el periódico Deia el 11 de mayo de 2014 -unos días antes de la muerte de su esposa- el artista explicaba con felicidad que había podido salir de aquel bloqueo. Así respondía Nestor Basterretxea cuando le preguntaron si había podido superar aquella crisis.

¿Sabes quién me ha ayudado a conseguirlo? Uno de mis nietos pequeños. Parecía que era ya el fin, pero no quería abandonar, veía que tenía capacidad mental y muchas ganas de crear. Yo llegué al círculo, así como Oteiza llegó al vacío, y claro, ¿después del círculo qué? Y, de repente, uno de mis nietos me enseñó uno de sus dibujos en el que aparecía un dinosaurio que tenía como un ala, como una chepa. Le pregunté: ¿qué es eso? - Su mujer-, me contestó. Entonces, me di cuenta de la libertad que tienen los niños a la hora de crear, y pensé que eso era lo que yo necesitaba, recurrir a todos los estilos que tenía un poco olvidados. Una gran parte de mi vida he sido muy severo para las formas, esa seriedad la he sustituido, por decir así, por una explosión de libertad y eso me alegra (Redondo, 2014).

Con estas claras palabras el artista daría las instrucciones necesarias para interpretar sus collages. Por un lado, recordaba a su mentor y amigo Oteiza, quien, una vez ligado al “vacío” tomó la decisión de abandonar el arte (1959); pero en cambio Basterretxea, cuando se encontró quieto, cara a cara delante del círculo, con miedo a un final de su capacidad creativa, generó una nueva energía interior que le permitió dirigir su obra por nuevos caminos. Asimismo, se dio cuenta de que era el comedido lenguaje formalista el que se había convertido en cadena para su creatividad, por ello, para liberarse, consideró la vuelta a los estilos olvidados en la memoria.

Mediante esta explicación, además de datar las obras antes de mayo, es justificable el eco expresionista en los collages, recordando la influencia que recibió en sus años de exilio en Argentina de los muralistas J. Gutiérrez Solana y J. Clemente Orozco (Plazaola, 1975, p. 12). Como explicó Moreno Galván (1960), el artista expresionista es aquel que antepone su existencia a sus ideas. Así fue Nestor Basterretxea en la década de los cincuenta, cuando en sus dibujos reflejaba la asfixia que le creaba la situación de guerra y exilio. En las obras que hemos escogido no encontraremos el retorno al expresionismo figurativo de la primera época, ya que seguiría valiéndose de las formas geométricas abstractas, pero sí un reflejo de las preocupaciones existenciales del artista. Además, también, estilísticamente, será visible una viva gama cromática, lo que nos recuerda a las esculturas realizadas en los noventa cuando tomó como referencia la cultura azteca y maya (Aguirre, 2013, pp.150-151).

Para poder realizar un análisis cabal de las obras seleccionadas, es importante especificar algunas características formales de ellas. Con excepción de un collage, cada obra tiene un formato vertical de 297 x 420mm, y su soporte consiste en cartulina de color sobre la que se inscribe un círculo, lo que será la premisa de la serie. Junto con el protagonismo del círculo, se adhieren distintas formas, muchas en direcciones diagonales, creando una sensación de tensión, de espacio o de ruptura con la forma ideal [3]. Entre los materiales utilizados, el más frecuente es la cartulina, el papel impreso, el rotulador y los lápices de colores, a veces también coqueteando con la cinta adhesiva [4]; la técnica más frecuente son el corte y el pegar, haciendo un contrapunto con el dibujo. Los colores elegidos y las diferencias que se crean entre ellos son totalmente enérgicos, fuertes, duros a veces, logrando así un protagonismo sobre el fondo plano, además de armonía y equilibrio [5]. Pero, como adelantábamos, entre los distintos collages también se aprecian grandes diferencias, lo que podríamos entender como otra marca expresionista del artista, es decir, cómo, en función del ánimo o de la fuerza interior del momento el resultado es distinto, lo que se puede apreciar en los colores y ritmos. 

Conclusiones

Con el título “Nestor Basterretxea y el collage, un nuevo giro” se busca plantear el enfoque de este estudio, ya que éste nos permitía sintetizar los puntos más significativos vistos hasta ahora. Por un lado, el giro nos lleva a la idea del círculo, recordándonos la forma privilegiada del artista, la que se convirtió en protagonista formal de las últimas obras de arte y que ocultaba significados profundos del autor. Por otro lado, el giro, entendido como retorno, haría referencia al pasado, esto es, lanzar una mirada hacia el origen de la esencia vasca a la cual el artista constantemente recurrió en su trayectoria artística. Asimismo, esta vez, el giro no solo se refiere a un pasado social, sino también a un regreso personal, de ahí el adjetivo “nuevo”, ya que ahora el círculo asumía un nuevo carácter. El artista encontró en su experiencia interior la fuerza necesaria para seguir adelante y, paradójicamente, el paso necesario para hacer frente fue mirar atrás y retomar las experiencias estéticas que había rechazado u olvidado en el pasado, pasando de ser un relato lineal a uno circular.

Han sido muchas las ideas que se han quedado sin trabajar, ya que, a partir de la naturaleza creativa de Nestor Basterretxea, su producción artística hoy en día es incalculable, por eso es necesario recordar que los collages estudiados son solo una pequeña parte de la producción de los últimos años del artista. Aun así, sin enloquecer la mirada, las obras elegidas han sido determinantes para subrayar algunas ideas. De esta manera, junto a la parte biográfica, uno de los objetivos de esta investigación era analizar su relación con el collage y las oportunidades plásticas que éste le ofrecía. La segunda intención es interpretar las obras del último periodo de vida del artista de la manera más fiel posible, acercándonos a su propio contexto vital y demostrando, en contraste con sus obras anteriores, una producción de gran riqueza pero poco reconocida dentro del panorama plástico vasco del siglo XX.

Referencias bibliográficas

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BOZAL, Valeriano (2006), “Arte, ideología e identidad en los años del franquismo”, en Ondare, n.o 25, pp. 17-31.

CATALÁN, C (1996), Nestor Basterretxea. Esculturas – collages – dibujos – grabados, (celebrada Galería Lekune, del 30-V-96 al 3-VII-96), Caja Pamplona, Pamplona.

EITB. (2013). Repaso a los 60 años de trayectoria del escultor Nestor Basterretxea. [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=_oDpgAbEypY

EZQUIAGA, Mitxel (12 de julio de 2014), “Fallece Nestor Basterretxea, referente de la cultura vasca”, en El Diario Vasco, s.n.

FER, Briony, BATCHELOR, David y WOOD, Paul (1999), Realismo, Racionalismo, Surrealismo. El arte de entreguerras (1914-1945), Akal, Madrid.

GARCÍA IZAGUIRRE, Ainhoa (25 de mayo de 2012), Nestor Basterretxea [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=Kt8hPempWjI

GOLVANO, Fernando, (2005), Disidencias otras: poéticas y acciones artísticas en la transición política vasca: 1972-1982, Gipuzkoako Foru Aldundia, San Sebastian.

JIMÉNEZ ABERASTURI, Estíbaliz (coord.) (2004), Acercarse a Oteiza, Editorial Txertoa, San Sebastián.

KAMIO, Ariane (29 de enero de 2011), “Quiero acallar las voces que dudan de que a mi edad pueda seguir en activo”, en Gara. Recuperado de http://gara.naiz.eus

MORENO GALVÁN, José María (1960), Néstor Basterrechea, Sala Neblí, Madrid.
MUÑOZ, Joxean (coord.) (2003) Nestor Basterretxea: bolumetria arkitektonikoak, (celebrado en Museo de San Telmo, del 16-IV-03 al 29-VI-03), Donostia Kultura, San Sebastián.

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TECNUM (16 de junio de 2011), Nestor Basterretxea: Del plano al espacio (HD) [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=AuGksg5-7oE

VEGA, Amador (ed.) (2007), Quousque Tandem...! Ensayo de interpretación estética del alma vasca, Fundación Museo Oteiza, Navarra. 

1 Los planteamientos se dirigían a entender la obra de arte como un objeto construido. La idea de edificar asumía que los diferentes elementos que creaban el conjunto o sistema de la obra artística, podían separarse de forma autónoma, esto es, cómo las líneas, los colores, los planos, el espacio y los materiales podían ser analizados tanto en su conjunto como individualmente (Fer y Batchelor, 1999, pp.99-103). 

2 En los años de exilio en Sudamérica, Jorge Oteiza se interesó por las estatuarias prehistóricas, elaborando a partir de ellas una estética orientada hacia la génesis de un arte nuevo. Afirmaba que aquellas esculturas primitivas eran las que originaban los mitos fundamentales de aquellas sociedades y las que afectaban profundamente la naturaleza del ser humano; de ahí que para gestar un arte nuevo era necesario impulsar el simbolismo, evitando la dualidad entre forma y contenido (Muñoz y Oteiza, 2007, pp.10-15). 

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EVITERNA - REVISTA UNIVERSITARIA DE HUMANIDADES, ARTE Y CULTURA (ISSN: 2530-6014) 

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